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Archive for the ‘Salud y bienestar’ Category

Cultura De La Muerte

17 diciembre, 2012 Deja un comentario

Herodes 3.0

La humanidad durante casi dos mil años pensó y entendió que Herodes (el Grande) fue un rey despiadado, cruel y sin corazón, que ciego por su ambición de gobernar no titubeó ni un segundo en pasar a degüello a todas las criaturas de la ciudad de Belén y sus aledaños.

Hoy, muchos siglos después, asistimos horrorizados, como aquellos padres de Belén, a la gestación de una nueva matanza indiscriminada de inocentes, que las nuevas hordas herodianas actualizadas, modernas y democráticas  preparan. Ya no se oye el rechinar de las piedras que afilan espadas, sus nuevas armas son el derecho a elegir y la libertad.

Cuando por fin se desate el desastre, cuando se levante el impedimento, no se escucharán lamentos ni llantos pues las heridas que provocan las nuevas armas son silenciosas. Pero el clamor de las criaturas masacradas, como en Belén de Judá, resonará en el cielo. Su voz será oída en lo alto, en Ramá.

Al igual que los inocentes muertos por causa del nacimiento de Cristo, estos inocentes argentinos, “no tienen edad para creer en la pasión de Cristo, pero tienen la carne para soportar por Cristo la pasión que él hubo de padecer” (San Agustín, sermón de Epifanía).

Sí, así, ofrendando su vida para quien tuvo una noche placentera, pueda seguir con su farra. Para que gente con derecho a divertirse pueda continuar con su parranda a cualquier el precio. Para que mujeres poseídas por el goce desordenado puedan tener el derecho a decidir sobre su cuerpo. Para que la gente que sin medida alguna, cegados por un afán irrefrenable de pensar únicamente en su bienestar, que  prefiere la muerte inocente a que se limiten de sus derechos y sus pasiones, puedan pasar por alto el orden de las cosas y despreciar su vida inerme.

La otra cara de la moneda son los que mueren para que ellos sean felices. El martirio. Santo Tomás explica que es el más perfecto de los actos virtuosos, que “matryr” significa testigo y martirio es dar testimonio de la fe. Los inocentes de Belén dieron testimonio de Cristo y nuestros inocentes de hoy atestiguan la época impía en la que nos toca vivir.

¿Es la hora del martirio? Eso parecería, pero no del nuestro. Nosotros parecería que por más que busquemos dar testimonio ya no sirve, que ya estamos perdidos.  Es el tiempo de los inocentes, de quienes no tienen pecado: son ellos quienes dan la vida por nosotros. No hay mayor amor (San Juan, 15-13). Es el acto de máxima caridad.

Podrá objetarse que el martirio de los no nacidos, no es un martirio a causa de la fe, y que sólo la fe es causa de martirio. Pero nos explica el Aquinate, que las obras de todas las virtudes en cuanto manifestaciones de fe, pueden ser causa del martirio y nos da el ejemplo de San Juan, cuyo martirio se dio por denunciar un adulterio.

El martirio se da a causa de la persecución, que nace del poder político, pues las ansias de poder y de gobernar ciegan y llenan de ambición.

Cuando las ansias de gobernar gobiernan a quienes gobiernan ya no gobierna el gobernante sino su cólera inextinguible que a todo sospecha y teme y arrasa con todo a su paso (ver C.A. Pseudo Crisóstomo, opus imperfectum super mateum, hom. 2).

Ya no importan las consecuencias si sus cometidos se cumplen, el famoso “daño colateral”. Si más votos significa homicidio indiscriminado de personas por nacer, no importa, adelante. Con un protocolo de actuación me agencio una buena parte de la Ciudad, la misma que ya gané cuando anoté sus hijos comprados en el extranjero como propios, la misma que gané cuando permití la unión proterva y aún más, ahora vamos por más, ahora incorporo a aquellos que faltaban. ¿Quién se va a oponer a que una mujer violada aborte?

El efecto es perfecto, el sentimentalismo por delante. Una mujer violada, ultrajada,  insultada, ofendida, mancillada, embarazada. ¿Quién se va a oponer? ¿El niño, el bebé, la persona por nacer?  Ese pobre mártir nada puede hacer. Él solo espera que la única persona que conoce en el mundo, lo ayude. Él no puede oponerse, no tiene voz, no tiene voto, no tiene oportunidad, no tiene fuerza, no tiene escapatoria, no tiene opción, no tiene derecho a elegir sobre su cuerpo; sólo tiene su carne para soportar el martirio, y al igual que los inocentes de Belén darán testimonio de lo que Él tuvo que padecer.

Lucas Trigo

http://elblogdecabildo.blogspot.com.ar/2012/12/cultura-de-la-muerte.html

 

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No al ABORTO

8 noviembre, 2011 Deja un comentario

En la lucha entre la “cultura de la vida” y la “cultura de la muerte” es necesario llegar al centro del drama vivido por el hombre de hoy: el eclipse del sentido de Dios y del hombre; perdiendo el sentido de Dios, se tiende a perder también el sentido del hombre, de su dignidad y de su vida.

La vida no es un juego o una circunstancia fortuita: ni la de cada uno de nosotros, ni la de esos futuros niños que aún no han visto la luz.

La eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral. Esta doctrina, fundamentada en aquella ley no escrita que cada hombre, a la luz de la razón, se encuentra en el propio corazón.

Ningún hombre, ninguna autoridad humana, ninguna ciencia, ninguna “indicación médica”, eugenésica, social, económica, moral puede exhibir o dar título jurídico válido a una disposición deliberada directa sobre la vida humana inocente, es decir, a una disposición que persiga su destrucción, sea como fin, o como medio para obtener otro fin que tal vez no sea en sí mismo absolutamente ilícito. Así, por ejemplo, salvar la vida de la madre es un fin muy noble; pero la muerte del no nacido directamente provocada, como medio para este fin, no es lícita. La destrucción directa de la llamada “vida sin valor”, nacida o por nacer, practicada en gran número en los últimos años, no se puede justificar de modo alguno.

Receta: Bizcochuelo de vainilla

30 septiembre, 2010 Deja un comentario

INGREDIENTES

  • 6 claras
  • 200 gr. de azúcar
  • 6 yemas
  • 2 cdas.de aceite neutro (maíz o girasol) o manteca fundida
  • 1 cdta.de esencia de vainilla
  • 200 gr.de harina leudante

PREPARACION

  • Batir las claras hasta lograr punto de nieve.
  • Agregar el azúcar y continuar batiendo hasta obtener un merengue que forme picos.
  • Batir ligeramente las yemas con la esencia de vainilla y el aceite e incorporar al batido en forma de hilo, mientras continúa batiendo hasta lograr punto cinta.
  • Incorporar poco a poco la harina tamizada, en forma de lluvia, con movimientos envolventes, utilizando una espátula.
  • Verter la mezcla en la cacerola enmantecada.
  • Tapar y cocinar a fuego corona hasta finalizar la cocción.
  • Verificar el punto de cocción introduciendo un palillo en el centro. Si sale limpio, ya está listo.
  • Desmoldar sobre rejilla de alambre.
Categorías:Salud y bienestar

No beses a tus hijos en la boca

No beses a tus hijos en la boca

No me gusta la costumbre que tienen muchos de darles besos en la boca a sus hijos. Me parece que se pasaron de modernos, o que padecen una confusión. Soy de los que creen que los besos en la boca pertenecen al ámbito de la intimidad erótica, y que no corresponde hacerlos parte de otro tipo de relaciones. Y mucho menos, con los hijos o las hijas. Me genera mucho rechazo ver ese hábito, porque siento que genera la sensación de que es lo mismo un beso filial que un beso de amantes. Sí, entiendo que alguien podría decir que no es lo mismo, que no es exactamente el mismo beso en la boca el que se le da a un hijo o hija que el que se le da a un novio o novia, pero aun así, creo que la boca, por más casta que se quiera comportar, al encontrarse con otra boca y no con una mejilla o una frente (o una manito o una panza) se transforma en un volcán de sensualidad. El beso en la boca puede ser breve, puede ser limitado en su alcance, pero se asoma a un abismo de sensibilidad que no tiene que ver, ni debe tener que ver, con lo que se vive en una relación entre padres e hijos.

Me parece mejor que padre e hijo o hija, o madre e hijo o hija, sepan que hay cosas que corresponden al cariño filial y otras que no, que hay prácticas que tienen que ver con furores de los cuerpos destinados a otras relaciones. El beso en la boca es muy fuerte, potente, es un lanzallamas de sexualidad apenas contenida, naciente, y no veo la necesidad de generar una versión que mal puede acomodarse a las relaciones entre progenitores y progenie.

Además, no toda forma de resguardar la intimidad tiene que ver con la vergüenza o es producto de la burguesía mental o de la convencionalidad estúpida. Cuando era chico y hippie, yo creía que la vergüenza era un defecto. Que las personas no tenían que sentirla, que era un derivado de la inhibición, algo negativo que había que eludir o disimular, una tendencia a combatir. En un mundo perfecto la vergüenza no debería existir, creía yo, ingenuamente. Al crecer entendí que la vergüenza no es un defecto, que es más bien constituiva, estructurante, que uno no la tiene por estúpido sino porque ella preserva ciertas cosas de la intimidad y les permite seguir siendo íntimas, personales, autenticas. Entendí, aun más, que no se trata de vergüenza, sino de cosas que corresponden a la intimidad y cosas que no. Sí, es difícil decir cuando la vergüenza cumple esa función positiva y cuando no, porque hay muchas vergüenzas que son miedos limitantes. Hay vergüenzas que son puro temor, y hay vergüenzas que simplemente dicen: esto no es para este lugar, o para esta circunstancia. Vergüenzas que no son vergüenzas, sino comprensión de dónde va cada cosa.

Y en todo caso: que cada uno viva como quiera. Que el que encuentre que su vergüenza es un límite ridículo la supere, hay mil formas de vivir así sin joder al otro. Pero creo que con los hijos se trata de otra experiencia, y hay cuidados que es necesario tener. En ese caso no se trata solamente de lo que quiere un padre, o una madre, sino de algo que involucra la naciente sensibilidad de una criatura, que es mejor ayudar a desarrollarse sanamente. Es bueno que los chicos no se confundan, que sepan que tipo de relación física hay con un mayor, y además padre o madre, que con otro en iguales condiciones.

Pero, además, no entiendo el deseo de los padres de besar a los hijos en la boca. ¿Para qué? ¿Mezclar los alientos, como si fuéramos novios? ¿No puede concebirse, sentirse, un amor pleno sin la participación de la sensualidad casi erótica? ¿No hay diferencia entre la ternura de los amantes y la que se dirige a las criaturas? ¿Para qué se quiere sentir esa boca de nene o de nena chocando contra la propia?

Creo que el beso en la boca es una experiencia fuertísima, súper excitante, y en todo caso, que pertenece al lenguaje del contacto del encuentro sensual de los cuerpos. Sensual, cuerpos que sienten y se despiertan y se avanzan con la energía del sexo, que despierta y crece y transporta. Fusión o intercambio de iguales, de semejantes mejor dicho, de equivalentes, y no de cuidador y cuidado, de padre o madre y criatura. Convoco a un uso responsable de los explosivos besos en la boca. Las terminaciones nerviosas y emocionales de las bocas, que besan el beso de otra boca, no me parecen convenientes para el contacto entre un chico y un adulto, por más familiares que sean.

Alejandro Rozitchner es escritor, filósofo y novelista, trabaja como inspirational speaker y es asesor de la Secretaría General del Gobierno de la Ciudad.

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